Una nueva ley de residuos afectará, entre otras, a las industrias textiles y conllevará un aumento de precios de las prendas nuevas.

Según  se recoge en el Borrador del anteproyecto de Ley de residuos y suelos contaminados (02-06-2020)  aun en tramite parlamentario, con la entrada en vigor de esta nueva Ley de residuos «queda prohibida la destrucción de excedentes no vendidos de productos no perecederos tales como textiles, juguetes, aparatos eléctricos«, con el objetivo de «fomentar la reutilización de los productos y la implantación de sistemas que promuevan actividades de reparación y reutilización y en particular para los aparatos eléctricos y electrónicos, textiles y muebles, envases y materiales y productos de construcción«

La lucha contra el cambio climático llega a la industria textil. La futura Ley de Residuos, que está previsto que entre en vigor en el primer trimestre de 2022, prohibirá destruir los tejidos y obligará a reutilizar la basura textil pagando una ‘ecotasa’ para contaminar menos.

La cumbre sobre el cambio climático, COP26, celebrada en Glasgow (Reino Unido) del 31 de octubre al 12 de noviembre de 2021 ha señalado a las energías fósiles como las más contaminantes para el medioambiente, señalando situando como el segundo de los sectores económicos menos limpios para el planeta a la industria textil, según Naciones Unidas, debido, entre otros factores, a las tendencias efímeras de la moda. De hecho, un informe reciente realizado por la cooperativa Moda re-, impulsada por Cáritas, deja constancia de que menos del 1% de la producción total de textiles se recicla en ciclo cerrado, es decir, con el mismo uso o similar.

En España solo se recicla un 12,16% de la ropa que se fabrica. País Vasco se sitúa a la cabeza del país, reciclando un 24,9% de estos residuos, en contraste con otras comunidades autónomas como Murcia, Canarias, Madrid, Castilla-La Mancha y Extremadura donde no se recicla ni el 10%.

Por otra parte está el el impacto ambiental que generan los residuos dependiendo del material que se emplee en la fabricación de las prendas.

Un kilogramo de fibra de poliéster -el material más utilizado en el mundo- consume 108 kW por hora, 21 litros de agua y emite 3,3 kilos de dióxido de carbono. Destaca, por otra parte, el algodón, la segunda fibra más utilizada en el mundo -27 millones de toneladas anuales – que consume 1.559 litros de agua por un solo kilogramo de fibra. La poliamida, siendo la menos utilizada, consume 160 kWh y 40 litros de agua, además emite 8,3 kilos de dióxido de carbono.

A pesar de todo, hasta ahora la industria de la moda se había mantenido al margen de las obligaciones ecológicas, pero con la entrada en vigor de la nueva Ley de Residuos y Suelos contaminados, se podría revolucionar la industria textil ya que no se podrán destruir las prendas que no hayan logrado vender y deberán pagar por reciclar la ropa que tiran a la basura, tratando de que al igual que ocurre con el papel, el plástico o el vidrio, todas las prendas que se confeccionen tengan una segunda vida.

Ley de Residuos y suelos contaminados

El proyecto de Ley de Residuos y suelos contaminados aspira a convertirse en la primera ley que incorpore en España el paquete de economía circular de la Unión Europea y que introduce novedades importantes, entre otras, una nueva fiscalidad, restricciones a los plásticos de un solo uso y la responsabilidad ampliada del productor.

Esta normativa se trata de la transposición de una directiva europea que está previsto que entre en vigor el 1 de enero del 2025 como máximo.

El objetivo es construir un espacio dedicado al reciclaje textil a través de la figura de la «responsabilidad ampliada del productor (RAP)», que impondría mediante Real Decreto a los productores a realizar un «sistema de depósito, devolución y retorno». La entidad se encargaría de cobrar la ‘ecotasa’ a aquellas industrias que contaminen.

Una ley que pretende lograr unos objetivos mínimos de reciclado

Las prendas deberán estar diseñadas siguiendo unos patrones que faciliten su reutilización. Entre ellos, por ejemplo, se descarta la posibilidad de mezclar materiales en exceso o llenarlas de abalorios. A nivel europeo también se está trabajando en esta idea y una de las propuestas consiste en la creación de un etiquetado y una certificación que indique al consumidor el grado de sostenibilidad de la prenda que compra.